
Pisa tiene uno de los iconos más reconocibles del mundo, pero la ciudad toscana guarda mucho más que una torre que se niega a mantenerse recta. Quien llega pensando que en dos horas lo ha visto todo, suele acabar perdido entre sus callejuelas medievales, sentado en una terraza junto al Arno o buscando el mural de Keith Haring en una fachada inesperada. Saber qué ver en Pisa de verdad es la diferencia entre una parada rápida y un viaje que vale la pena.
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La Plaza de los Milagros concentra varios de los monumentos más reconocidos de toda Italia: la Torre Inclinada, la Catedral, el Baptisterio y el Camposanto, un conjunto de mármol blanco brillante sobre césped verde declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Es el punto de partida obligado, aunque conviene llegar temprano para disfrutarlo sin las multitudes del mediodía.
La famosa inclinación de unos 4 grados empezó al inicio de la construcción, en 1173, producto del suelo arcilloso y la poca profundidad de los cimientos. Después de 177 años, finalizó la construcción de la torre de 8 pisos y el campanario, alcanzando una altura de 55 metros. Subir sus casi 300 escalones da vértigo literalmente, pero la vista desde arriba justifica cada paso.
Construida en 1063, está hecha de mármol blanco y gris y cuenta con una imponente puerta de bronce macizo. En su interior destaca el púlpito de Giovanni Pisano, además de sus mosaicos y preciosas decoraciones. La entrada es gratuita si se compra la entrada a la Torre Inclinada o al Baptisterio.
El Baptisterio es el más grande de toda Italia, construido en mármol blanco, con una altura similar a la de la Torre de Pisa. Su decoración es sobria, pero su gran diámetro y su pila bautismal octogonal resultan impresionantes. Llama especialmente la atención por su excepcional acústica, probablemente debida a la presencia de una doble cúpula.
Su construcción empezó en 1278 y se prolongó hasta 1464, creando un claustro de estilo gótico para acoger las tumbas que hasta entonces estaban dispersas por los alrededores del Duomo. Exteriormente impresiona por su larga pared de mármol con 42 arcos ciegos. Por dentro, los frescos medievales y la tranquilidad del claustro lo convierten en una de las visitas más sorprendentes de la ciudad.
En ella se encuentran palacios, iglesias y estatuas importantes como el Palazzo della Carovana, el Palazzo dell'Orologio, el Palazzo del Consiglio dei Dodici, la iglesia de Santo Stefano dei Cavalieri y la estatua del Gran Duque Cosimo I de Medici. A cinco minutos a pie de la Piazza dei Miracoli, tiene mucho menos aglomeración y mucha más historia por descubrir.
Borgo Stretto es la calle peatonal más representativa del centro histórico, con edificios del siglo XIV y XV, antiguos palacios de familias nobles hoy convertidos en tiendas, cafés, librerías, heladerías y boutiques. Lo más distintivo son sus arcos porticados, que le dan un aire elegante y resguardan a los peatones de la lluvia o el sol intenso.

Cada mañana se coloca aquí el mercado local con puestos de fruta y verdura, y bajo sus característicos pórticos hay bares, tabernas y tiendas de alimentos. Es uno de esos rincones donde se mezclan los estudiantes de la universidad con los vecinos de siempre, y donde un café cuesta lo que debería costar un café.
El mural del artista estadounidense Keith Haring llegó a la ciudad en 1989 y ocupa toda la fachada de un edificio con 30 personajes en derroche de colores, cada uno representando un mensaje de paz y conexión entre las personas. Es un contrapunto perfecto al Pisa medieval: contemporáneo, colorido y a pocos pasos de la Piazza Vittorio Emanuele II.
Entre los más importantes destaca el Lungarno Mediceo, donde se pueden encontrar el Palazzo dei Medici, la Iglesia de San Matteo in Soarta y el Palazzo Toscanelli. En el Lungarno Gambacorti se ubica la Iglesia de Santa Maria della Spina, un pequeño tesoro gótico del siglo XIV. Al atardecer, estos paseos junto al río son de los mejores momentos del día.
Originalmente construida para albergar una espina de la corona de Cristo, la iglesia se trasladó piedra a piedra en el siglo XIX debido a la amenaza de inundaciones. Su tamaño es pequeño pero su fachada gótica, especialmente iluminada por la noche, es una de las imágenes más bonitas que ver en Pisa.
Es el puente más antiguo de Pisa sobre el Arno, y conecta la Piazza Garibaldi, en la parte norte, con la Piazza XX Settembre, en la parte sur. Cruzarlo a primera hora de la mañana, cuando la ciudad todavía está despertando, es uno de esos pequeños placeres gratuitos que hacen bien al viaje.
El jardín pertenece a la Universidad de Pisa y cuenta con una amplia colección de especies vegetales de todo el mundo. Es un lugar perfecto para relajarse entre naturaleza, historia y ciencia, especialmente durante la primavera y el otoño. Uno de los más antiguos de Europa, con entrada gratuita el primer domingo de cada mes.
Piazza Garibaldi es uno de los puntos de encuentro con más ambiente de la ciudad. Los barrios de San Francesco o Santa Maria conservan un ambiente auténtico, con vida local, cafeterías frecuentadas por estudiantes y tiendas pequeñas donde el ritmo sigue siendo el de antes. Pisa es, ante todo, una ciudad universitaria viva.
La Basílica románica de San Piero a Grado es un lugar que pocos turistas conocen, pero es un verdadero centro de peregrinaje, lejos de las multitudes de la Piazza dei Miracoli. En su interior se pueden disfrutar bellos mosaicos y altares. Para llegar, se puede coger el bus extraurbano 10 (con destino Livorno) o el 20.
Era el hospital de la misericordia y es hoy un museo dedicado a las sinopias, los dibujos preparatorios de los frescos. Un espacio poco masificado que da contexto artístico a todo lo que se ve en la Piazza dei Miracoli y que los amantes del arte medieval no deberían saltarse.
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Pisa merece más tiempo del que la mayoría le dedica. Con sus 15 lugares imprescindibles repartidos en un casco histórico muy caminable, la ciudad toscana se recorre bien en un día completo y mejor aún si se puede quedar una noche. Quien quiera ver qué ver en Pisa sin prisas, que reserve la Torre Inclinada con antelación —las entradas se agotan— y que deje las tardes libres para perderse por Borgo Stretto o sentarse junto al Arno.
Con un día completo se pueden visitar los lugares más importantes: la Piazza dei Miracoli y sus cuatro monumentos, la Piazza dei Cavalieri, el centro histórico y el paseo por los Lungarni. Si se quiere explorar con más calma o hacer alguna excursión a los alrededores, lo ideal es quedarse a dormir una noche.
Sí, es muy recomendable. Las entradas para subir a la Torre Inclinada tienen aforo limitado y se agotan rápido, especialmente en temporada alta. Se pueden reservar en la web oficial de la Piazza dei Miracoli. La entrada para subir cuesta 20 €; la entrada a la Catedral es gratuita si se compra cualquier otro monumento del conjunto.
En tren es la opción más cómoda y directa: hay trenes frecuentes entre Florencia y la estación de Pisa Centrale con una duración de entre 50 minutos y una hora y media según el tipo de tren. Desde la estación, los principales monumentos están a menos de 15 minutos a pie.
Depende del interés en la zona. Pisa se puede ver bien en un día, pero quedarse una noche permite explorar sin prisa, disfrutar de la ciudad cuando los grupos de excursionistas se marchan y hacer alguna salida a Lucca a 30 minutos en tren o a los alrededores toscanos.